miércoles, 20 de julio de 2011

STEVE JOB EL MEJOR INNOVADOR DEL MUNDO

iSteve:
acopio
de
armas
Eduardo Caccia
¿Por qué escribir sobre Steve Jobs? Necesitamos un contrapeso, historias que equilibren
las páginas de los periódicos, las notas en los diferentes medios donde los protagonistas
van de dictadores ruines a políticos corruptos, del acopio de armas, al exterminio y la
xenofobia, de la falsa promesa a la decapitación.
Gurú de la innovación de nuestro tiempo, Steve Jobs, CEO de Apple, no se cansa de
sorprender a propios y extraños anunciando innovación tras innovación, el liderazgo de
una carrera donde Apple es ya la marca más valiosa del mundo según el estudio BrandZ,
recientemente difundido en todo el orbe.
Dado en adopción por su madre biológica, Steven Paul Jobs ha sido, como muchas otras
célebres figuras en la historia, producto de la adversidad, esa lucha por sobrevivir donde
llegó a dormir en el piso, recolectar latas de refresco para cambiarlas por dinero y comer
gratis en los templos Hare Krishna.
A Jobs hay que acusarlo de acopio de armas, ésas de las que se ha valido para jalar la
mirada de propios y extraños, de la Mac al iPod, del iPhone a la iPad, para devolvernos la
condición de niños sorprendidos, momento donde observamos algo con un dejo de
incredulidad, magia pura, cuando lo imposible para la mente se materializa sin lógica
frente a nuestros ojos.
Una de sus armas ha sido no confiar en lo que dice el mercado, sabe que preguntar en un
focus group “¿cómo te gustaría que fuera?” es más que tirar el dinero, es apuntar al
fracaso. Para Jobs, innovación no es preguntarle a la gente qué quiere sino decirle lo que
va a querer.
Nunca se graduó de la Universidad e incluso abandonó varias clases, con excepción de la
de caligrafía. Su fascinación y hasta obsesión por el diseño tipográfico se convertirían en
otra arma letal de su éxito: “El diseño no es cómo se ve y se siente, el diseño es cómo
trabaja”.
Jobs no sería Jobs sin otra parte clave en su armamento, la simplicidad. Bajo el principio
de que menos es más, desde sus presentaciones en la Worlwide Developers Conference
que ya son eventos de culto, hasta el desempeño del sistema operativo de la Mac,
simplicidad y facilidad de uso son el común denominador. Inspirados en su técnica, hay
libros y cursos para hacer presentaciones de impacto al estilo Jobs.
Alguna vez técnico de Atari, exigencia, tenacidad, pasión y amor por lo que hace, son
parte de la artillería del hombre que ha podido vencer al cáncer de páncreas y ahora lucha
con un hígado ajeno, condición que le da una apariencia cadavérica cada vez más
marcada y pone a temblar el futuro de la acción de Apple en Wall Street. Con minúscula
cintura y facciones agudísimas, como si se estuviera desdibujando, de haber coincidido
en tiempo y espacio, Cervantes lo hubiera preferido para representar al Quijote. No sólo
empata al Hidalgo en apariencia, sino en la altura de sueños.
Luego de romper una “pausa médica” de 6 meses, apenas hace unos días anunció la
plataforma iCloud para decirnos que todos viviremos en la nube. Acostumbrado a llegar
primero, ¿será premonición de que tal vez se nos adelante a los cielos?
Genio para muchos, hombre, falible al fin, no ha estado ajeno de críticas que lo señalan
por su temperamento, acaso sea esta condición la que sigue impulsando su frágil pero
enorme figura.
Celebridad de primer nivel, laureado por presidentes, CEO de la década, listado dentro de
las personas más influyentes del mundo, dijo en 2005 durante un discurso a graduados de
Stanford lo que bien podría ser su mantra para innovar: “Recordar que vas a morir es la
mejor forma de evitar la trampa de creer que tienes algo que perder. Ya estás encuerado,
no hay razón para que no sigas tu corazón”.
Una bellísima canción de Mecano sobre Salvador Dalí dice que “los genios no deben
morir”, y aún más: “....si tú reencarnas en cosa, hazlo en lápiz o en pincel, (.....) si te
reencarnas en carne, vuelve a reencarnarte en ti...”
¿Sería su pasada intervención en la WWDC, la última?
El mago, prestidigitador, ilusionista de la tecnología, tal vez no esté donde creemos verlo,
tal vez reencarne en una de sus creaciones. Como en las mejores historias de Asimov,
quizá veamos a un “iSteve”. Me sorprenderé, pero no me sorprendería.
Eduardo Caccia ayuda a las empresas a innovar, a partir de entender el consciente y el subconsciente